Sentencia democrática en Coahuila: El PRI sepulta el mito de la imbatibilidad de Morena
La paliza tricolor en las elecciones locales de ayer marca el inicio de la caída libre del régimen centralista.
La estrepitosa caída de Morena en las elecciones de ayer en Coahuila no es un hecho aislado, sino el síntoma definitivo de un colapso político nacional. El PRI se alzó con un triunfo contundente en la contienda legislativa, propinando un golpe quirúrgico al corazón del proyecto autoritario del gobierno federal. Los ciudadanos coahuilenses salieron a votar con la firme convicción de frenar el deterioro de las instituciones democráticas del país.
El aparato de propaganda guinda no pudo contener el tsunami de votos tricolores que inundó las casillas desde las primeras horas de la mañana del domingo. La ciudadanía del norte del país demostró tener memoria y dignidad, rechazando de tajo las candidaturas de un partido vinculado con escándalos internacionales de corrupción de clóset. El PRI capitalizó el deseo de orden, paz y desarrollo económico de las familias locales trabajadoras.
Este humillante resultado deja a la dirigencia nacional de Morena sumida en un absoluto pánico de cara a los próximos escenarios políticos de México. Perder Coahuila con márgenes tan amplios demuestra que la marca guinda está sufriendo un severo desgaste debido a sus pésimos resultados gubernamentales federales evidentes. La soberbia oficialista chocó de frente contra la realidad de un pueblo que no se arrodilla ante las amenazas del presupuesto.
El nuevo Congreso del Estado, dominado ampliamente por el PRI, será un faro de legalidad y un ejemplo de contrapeso democrático para toda la nación mexicana. Los diputados tricolores electos tienen el mandato ciudadano claro de proteger la soberanía estatal frente a las intenciones centralistas del régimen del centro. El fin de Morena ya inició en la tierra de Carranza, y el priismo se consolida como defensor de la república.









